
Las cosas (cotidianas) del (des) amor: Una mirada sobre «Desayuno» de Jacques Prévert
por Gonzalo López Martínez

desayunarse. (fig. e inf.; «de») Enterarse de algo cuando ya hace mucho que lo saben otros1.
María Moliner
El aroma del café: una introducción al poema
Tengo una única certeza sobre el día en el que descubrí a Jacques Prévert2: era domingo. Lo puedo asegurar porque el poema que fue su carta de presentación llegó en forma de viñeta, dibujado por Caloi, en la revista dominical Viva del diario Clarín. Además, como todo domingo, la mañana de la casa entera olía a café de moka. Me resulta inviable establecer un mes, en cambio, podría afirmar que ocurrió entre 1995 y 1997. Sí recuerdo que me maravilló la idea de que un hecho trascendental y sentimentalmente duro, como una separación, se desarrollara tan pasivamente en ese momento de la mañana. El poema del que hablo es «Desayuno» («Déjeuner du matin», en su francés original). Algunos días más tarde, devoraría con los ojos el poemario Palabras, aunque mi memoria quedaría apalancada en ese desayuno de separación. Jorge Luis Borges (1998 [1980]) sostenía —y, con una completa modestia, coincido— que «Cuando leemos un buen poema pensamos que también nosotros hubiéramos podido escribirlo; que ese poema preexistía en nosotros» (p. 108). ¿Cómo hizo Prévert para encontrar el punto en el que la voz que se queda o el ente que se va pueda ser cualquiera de nosotros?
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cosa. Nombre equivalente en lenguaje corriente a «ente» o «ser» en lenguaje filosófico. Es aplicable a todo aquello que puede ser objeto del pensamiento o sujeto u objeto de un juicio o una oración gramatical3.
María Moliner
Los anillos de humo: acerca de la estructura del poema
Resulta conveniente, para adentrarnos en el poema, ofrecer un sucinto análisis. Podría comenzar por destacar que «Desayuno» está emplazado en versos libres y cortos que van de trisílabos a heptasílabos. Sin rima. Podría decirse que es semejante a una narrativa breve. Menciono algunas figuras retóricas:
– Anáforas que marcan la observación del rito con una repetición constante de estructuras como «echó…», «bebió…», «dejó…».
– Enumeraciones de acciones y de cosas: removió, bebió, encendió, volcó, café, leche, azúcar, cucharilla, cigarrillo, humo, sombrero, impermeable.
– Paralelismo de construcciones sintácticas: «echó café», «echó leche», «echó azúcar».
– Repetición que refuerza la distancia emocional: «sin hablarme», «sin mirarme».
Visualmente, parece una delgada columna construida con ladrillos asimétricos. El poema tiene una pausa en cada línea en la que respira o mejor dicho: toma aire. El tema central es la ruptura de un vínculo que suponemos amoroso. Podría decir, entonces, que trata del desamor. Y agregar que Prévert solo muestra la escena final, porque ni bien esa persona deja la taza sabemos que esa pareja estaba rota antes de ese desayuno. El silencio lo dice todo.
La escritora May Sarton (2026) define al poema como el resultado «de una colisión entre un estado de conciencia, un instrumento delicado que registra sensaciones y un objeto» (p. 53). Aquí el estado de conciencia está presente en la voz poética, que percibe la indiferencia y la distancia. A su vez, la propia conciencia de quien narra es el instrumento que capta cada gesto, cada silencio y cada movimiento de la otra persona. Y el objeto, que a primera vista podría representarse en la escena concreta del desayuno o en una multiplicidad de elementos, podría interpretarse como el amor desarmándose, dado que «para la mayoría de nosotros, el amor funciona como uno de esos objetos» (Sarton, 2026, p. 53) y la taza, el cenicero, el sombrero no hacen más que demostrar esa distancia emocional que separa a la pareja.
Tres características quiero destacar del poema: la primera es el hecho de que una cosa va conteniendo a la otra: la taza al café, el café con leche al azúcar, el cenicero a la ceniza, las manos al rostro por llorar, los anillos de humo en sí mismos; la segunda es la imagen de esa persona haciendo los anillos de humo, lo que acentúa salvajemente la indiferencia hacia la pareja; y la tercera, de carácter formal, es la ausencia de comas, punto y comas o puntos, con la brutal excepción del punto final: «Y lloré.», que cierra, además del poema, la historia de la pareja.
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silencio. Circunstancia de no hablar las personas.4
María Moliner
El tintineo de la cucharilla: sobre el silencio del poema
Hay un elemento fundamental que atraviesa el poema en cada línea y es el silencio. Las imágenes sonoras que aparecen son apenas perceptibles: el café en la taza o la leche en el café. Sagot (2026) afirma, acerca de «Desayuno», que «Es más silencio que sonido y el silencio es su gran protagonista». Hay dos momentos que sugieren una sonoridad por encima del silencio o del escaso ruido de la mañana: El primero apenas interrumpe la no comunicación de la pareja, lo podemos imaginar al revolver el café con leche y azúcar, y es el tintineo de la cucharilla en la taza como algo que incomoda en la escena. El segundo es el llanto que cierra el poema, porque claramente no podemos concebir un sollozo mudo al conocer la angustia que va in crescendo en la historia.
Además del silencio de los objetos, está el silencio de la otra persona: «Dejó la taza / Sin hablarme», «Volcó la ceniza / En el cenicero / Sin hablarme» y «Y se marchó / Bajo la lluvia/ Sin decir palabra / Sin mirarme» y en este último verso se repite otro modo de indiferencia, que es visual y se manifiesta unos versos antes, cuando la voz poética dice: «Sin mirarme / Se puso de pie». Si añadimos a la desconexión visual el hecho de que los utensilios domésticos que pueblan la escena son necesariamente silenciosos y que beber café o fumar son actividades que anulan la oralidad, el silencio es absoluto.
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poesía. Género literario exquisito; por la materia, que es el aspecto bello o emotivo de las cosas; por la forma de expresión, basada en imágenes extraídas de sutiles relaciones descubiertas por la imaginación, y por el lenguaje, a la vez sugestivo y musical […]5.
María Moliner
La percepción de las cosas: una mirada al poema
Desde la infancia, incorporamos los objetos del mundo que nos rodea según advertencias y experiencias: el cuchillo corta el pan y un dedo, la cuchara carga avena y arena, la taza puede tener chocolatada o agua de acequia, la pava quema y la silla nos ayuda a ver desde otra perspectiva. Luego aparece la poesía, entonces ejerce su función, a decir de Coleridge: «ese estado en que lo familiar es maravilloso y lo maravilloso es familiar, cuando hasta el objeto más sencillo contiene la semilla de la revelación». (Sarton, 2026, p. 55). La mirada funcional que teníamos adquiere un nuevo viso: «Lo cotidiano que se desfamiliariza, un instante ínfimo que se privilegia, una escena que se vuelve a mirar desde otro lugar y se resignifica […], cierta poesía puede permanecer pegada al mundo de los objetos, casi sin adjetivación» (Genovese, 2011, p. 23). La transformación inicia con el despojo de la descripción del objeto. Prévert aísla las cosas cotidianas —la taza o el cenicero— y las hace funcionar en virtud del poema, una contiene café, y el otro, cenizas para que el personaje sea quien es. No importa si la taza está caliente, la cucharilla es de metal o el impermeable es negro; el poema, lejos de perderse en características, resalta la utilidad intrínseca de las cosas: la persona bebe de la taza, revuelve con la cucharilla, se pone un impermeable porque llueve y en ese acto de quitarles cualquier estrato de afecto, los objetos colaboran con la cruda indiferencia del desamor.
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desamor. Falta de amor o cariño. Aversión o antipatía6.
María Moliner
La nada de cada cosa: una conclusión sobre el poema
Me preguntaba al inicio de este trabajo: «¿Cómo hizo Prévert para encontrar el punto en el que la voz que se queda o el ente que se va pueda ser cualquiera de nosotros?» Hay algo de universal en ese acontecimiento personal. Todos sufrimos el amor y el desamor, todos hicimos o miramos anillos de humo. Joana D’Alessio (2021) escribió en un tweet: «Ayer cerré todas las ventanas de esta casa y en ese gesto estabas vos y me pregunté por primera vez si en las noches vos me encontraste alguna vez en los objetos que quedaron de tu lado del mundo». Ella sabe que hay objetos en los que puede haber quedado anclada. Sabe que tal vez una taza o un cenicero, si se observan por un buen rato, despierten el recuerdo del otro lado.
Para responder a cómo hizo Prévert, pienso, en un ejercicio cercano a la sospecha, que la clave está en las cosas que cargan la fuerza del poema: la taza, la cuchara, el cenicero, el sombrero y el impermeable; todas pertenecen a la vida cotidiana de los lectores. Todas tienen una proyectada preferencia: no nos da lo mismo cualquier taza. El gesto de plena indiferencia que supone hacer anillos de humo expone algo más: una maniobra de evasión del momento, un anticipo del olvido por venir. En «Desayuno», mediante un orden inalterable, los objetos ordinarios se solapan en un momento extraordinario y se encaminan a volverse souvenirs de lo que fueron porque finalmente es como Borges (1998 [1969]) concluye ese catálogo personal que es «Las cosas»: «Durarán más allá de nuestro olvido; / no sabrán nunca que nos hemos ido.» (p. 246).
Entonces comprendemos que a los objetos les resulta completamente ajena la añoranza con que se pueblan.
Notas finales
- Moliner, M. (1997). Diccionario de uso del español A-G. Madrid, Gredos. ↩︎
- Jacques Prévert nació en Neuilly-sur-Seine, Francia, en 1900. Poeta, guionista cinematográfico —en extenso podríamos ocuparnos de esta mirada para la construcción de «Desayuno»— y autor teatral, entusiasta del movimiento surrealista. Su estilo satírico, colmado de fantasía y humor, da testimonio de su compromiso y compasión por los más humildes. Sus ataques verbales contra los gobernantes y las instituciones acreditan la imagen de un poeta libertario, hostil ante cualquier forma de opresión social. Desde la publicación de Palabras (1945), su obra es una de las más celebradas de la literatura francesa. También escribió cuentos destinados al público infantil. Falleció en Omonville-la-Petite en 1977. ↩︎
- Moliner, M. (1997). Diccionario de uso del español A-G. Madrid, Gredos ↩︎
- Moliner, M. (1997). Diccionario de uso del español A-G. Madrid, Gredos ↩︎
- Moliner, M. (1997). Diccionario de uso del español A-G. Madrid, Gredos ↩︎
- Moliner, M. (1997). Diccionario de uso del español A-G. Madrid, Gredos ↩︎
Referencias bibliográficas
Borges, Jorge Luis. (1998 [1969]). Elogio de la sombra. Madrid: Alianza editorial.
Borges, Jorge Luis. (1998 [1980]). Siete noches. Madrid: Alianza editorial.D’Alessio, Joana. [@joanadalessu]. (30 de noviembre de 2021). Ayer cerré todas las ventanas de esta casa y en ese gesto estabas vos y me pregunté por primera vez si en las noches vos me encontraste alguna vez en los objetos que quedaron de tu lado del mundo. [Tweet]. X. https://x.com/joanadalessu/status/1465666428334395399
Genovese, Alicia. (2011). Leer poesía: lo leve, lo grave, lo opaco. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
Libros del Zorro Rojo. (s. f.). Jacques Prévert. https://librosdelzorrorojo.com/autores/jacques-prevert/
Prévert, Jacques. (2012). Palabras. Buenos Aires: Nuevos tiempos.
Prévert, Jacques y Caloi (il.). (s. f.). Desayuno. Revista Viva, (s. d.). Buenos Aires.
Sagot, Jacques. [UTNCostaRica] (14 ene 2026). Podcast: Sapere aude conversando con los grandes escritores(as) [Video]. YouTube. https://youtu.be/OAinGItmqi4
Sarton, May. (2026). Sobre la escritura. Madrid: Gallo Nero.