INSPIRACIÓN
ERNESTO SABATO
El arte como forma de resistencia

Ernesto Sabato nació el 24 de junio de 1911 en Rojas, provincia de Buenos Aires. Hijo de inmigrantes italianos, estudió Física en la Universidad de La Plata donde se doctoró en 1938. Luego obtuvo una beca para trabajar en el Laboratorio Curie de París colaborando en estudios sobre radiaciones atómicas, pero ante la guerra del mundo, no dejaba de preguntarse sobre la angustia del hombre ante el vacío. Así es como decide dar un giro en su vida, en un café de Montparnasse, escribe en su cuaderno: “La ciencia me prometía certezas, pero me negaba la verdad profunda del hombre”.
Al regresar a la Argentina, decide comenzar a escribir y darle paso a la literatura. En 1945 publicó su primer ensayo, Uno y el Universo, que alcanzó el Primer Premio de Prosa de la Municipalidad de Buenos Aires. Allí abandonó su vocación científica para dedicarse por completo a la literatura, escribiendo artículos para la revistas Teseo, Sur y el diario La Nación y traduciendo al español obras de autores extranjeros.
Después de experimentar con una serie de ensayos, en 1948, editorial Sur publicó su primera novela, El túnel, luego de ser rechazada por otras editoriales. La obra es de corte psicológico y existencialista, un monólogo que es también confesión. Su protagonista, es el espejo de su propia obsesión: un hombre que busca en una mujer la llave de la existencia. La novela fue llevada a la pantalla grande en tres oportunidades y posicionó al autor como una de las promesas literarias del momento. “El mundo es tan horrible que la verdad sólo puede expresarse en la ficción”, afirmó, como si la literatura fuera una luz capaz de iluminar el caos.
Trece años más tarde, en el año 1961, editó su segunda novela, Sobre héroes y tumbas, que le valió el reconocimiento internacional como el novelista argentino más destacado de la época. Allí la historia argentina se convierte en un río de sombras, donde los mitos nacionales se mezclan con tragedias íntimas. Y en 1974 lanzó su tercera novela, Abaddón el exterminador, un libro fragmentario, apocalíptico, que obtuvo el Premio al Mejor Libro Extranjero en Francia.
Testigo de su tiempo, Sabato dejó una extensa serie de ensayos, entre los que se destacan: Hombres y engranajes (1951); Heterodoxia (1952); El escritor y sus fantasmas (1963); Cartas a un joven escritor (1975); Diálogos con Jorge Luis Borges (1976), entre tantos otros.
En Uno y el universo (1945) reflexionó sobre la tensión entre ciencia y humanismo. Décadas más tarde, presidió la CONADEP y redactó el informe Nunca Más, convirtiendo su pluma en un acto de justicia. Allí, la literatura se transformó en memoria colectiva, en resistencia contra el olvido. “No podemos callar. La literatura es resistencia, pero ahora la palabra debe ser justicia.”
En 1984 obtuvo el Premio Miguel de Cervantes de Literatura, máximo galardón de las letras españolas. En 1998 el escritor publicó sus memorias en Antes del fin, un ensayo en el que relata sus recuerdos de infancia, sus estudios junto al Premio Nobel de Física argentino Bernardo Houssey y el impacto que le provocaron algunos acontecimientos en este país y en el mundo.
En 2002, recibió la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid, la Medalla de Honor de la Universidad Carlos III y el Premio Extremadura a la Creación a la mejor Trayectoria Literaria de Autor Iberoamericano. En el año 2004, fue homenajeado por parte el III Congreso Internacional de la Lengua Española y posteriormente la Real Academia Española también lo hizo.
Debido a su ceguera, en sus últimos años de vida Sabato se dedicó a la pintura llegando a producir alrededor de setenta obras que alguna vez expuso en el Centre Pompidou en París. El atelier fue su espacio de trabajo y refugio en sus últimos años para desarrollar su primera pasión, la pintura, que inició en los jardines de la Escuela Nacional de La Plata, y que puede visitarse como el resto de los espacios que hoy conforman el museo en el que se transformó su antigua casona de Santos Lugares.
“Las modas son legítimas en las cosas menores, como el vestido. En el pensamiento y en el arte son abominables”, es una de las frases que describe su honestidad intelectual que aún sigue vigente en sus obras.
El escritor falleció a los noventa y nueve años a causa de una neumonía en su casa de Santos Lugares el 30 de abril de 2011.
por Proyecto Grafemas